Un fragmento del libro que nunca termine...
Se encontró sorprendido en un éxtasis de felicidad, cerró los ojos y en fracciones de segundo volvió a abrirlos, pensó que soñaba y dudaba de que aquellos fuese cierto. ¡Si! quizas él soñaba, pero lo que soñaba no se encontraba lejos de lo que en realidad estaba viviendo.
¿Fué o sigue siendo?, ¡quizas fué !- pensaba repetidas veces - , pero en su corazón aun ardía aquello que al recordar, vivía como si fuese realidad como si fuese hoy; sin embargo de lo que si podía estar seguro era de que aquello volvía a sentirlo igual o quizas con mayor intensidad, más aun al extrañarlo y anhelarlo de nuevo.

No sabía que sucedía ... no lograba dar explicación a tanta fantasía; el ruido de fondo era parte de su ignorancia en medio de aquel bullicio que le rodeaba, las conversaciones cotidianas se convertían en sonidos con los cuales vacilaba de una manera mecánica, pero su atención estaba centrada en otro sitio. Con su mirada en el vació, perdida en el espacio y sin ningún centro u objetivo de atención, divagaba y se transportaba a aquella calida habitación.
No recuerda los detalles del ambiente, solo la gran felicidad que le regocijaba, al mismo tiempo que una nostalgia castigadora le encendía los deseos de verla, de estar otra vez con ella; deseaba volverla a tocar sin ser malinterpretado y sentir la suavidad de su piel, reir con ella, expresarlé ternura y al mismo tiempo pasión con una inocente caricia que como siempre terminaría por desencadenar la más ardiente lujuria. En él se entremezclaba el amor y el deseo, la pasión y el sentimiento iban fusionados dentro de sí; ella era todo para él, era como ese toque de libertad del cual no existen inhibiciones entre dos seres que se aman, donde no existe vergüenza ni pudor que les impidiese experimentar cada día más algo nuevo y sonreír de ello como niños traviesos.

Estaban los dos allí, deseándose y casi comiéndose como si fuesen dos fieras salvajes; era como un rito en el cual ya no existía control ni mayor placer que no fuese lo que cada uno quiere hacer sentir al otro. Sin egoísmos ni toques posesivos que dieran pie a utilizarse como objetos sexuales cada uno solo deseaba satisfacer al otro, donde entre caricias, gemidos de placer, frases insinuantes bajo un calido aliento, besos apasionados y un sin fin de nuevas experiencias ambos buscaban excitarse hasta colmar los deseos y explotar como una caldera que rebasa los limites.
No dejaban de existir los juegos, las sonrisas, las miradas tiernas y confesiones de sentimientos en ciertos momentos de calma. El recuerdo de esa mirada llena de ternura cuando ella se encontraba firme de frente a él, formando parte de sí uno al otro en una sola carne, inmóviles y manteniendo una distancia rostro a rostro suficiente como para encontrarse atrapado bajo esa miradas lánguidas, él acariciando sus cabellos y ambos mirándose como infantes bajo un amor platónico.
Sin él saberlo ese fue el momento en el que ella por primera vez en tanto tiempo sintió deseos de llorar más no sabiendo que sensación le hacía sentir así; quizás alegría, felicidad, nostalgia o una confusión de sentimientos que la ahogaban en algo que la hacía sentir tan bien que no podría describirlo.