Tropiezo tras tropiezo

fue mi vida transcurriendo
desde la Universidad
hasta ser un profesional.
El llanto no fue en vano,
quizás fue endureciendo
la sensibilidad
que me caracterizó.
Cuantas veces llore
en mi habitación,
no lograba entender
el sentido de un adios.
Una vez alguien me dijo,
la vida es como un libro,
hay que pasar la página
si quieres continuar;

no detengas tu camino,
vendran otras historias,
pero el final feliz
dependerá de ti.
No olvidé esas palabras,
el tiempo me ha sorprendido,
escribí cientos de páginas
en mi propio libro.
Ahora estoy aquí

en la puerta de una iglesia
agradeciendo al pasado
todo lo que me ha enseñado,
esperando en el altar,
a que llegue mi princesa,
la mujer que cerrará
la historia de un final feliz.







